
Final Fantasy XIII Blog (www.novacrystallis.net)
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«¿Es ese el Lago Suleena?»
«Eh, ¿qué es ese árbol tan grande de allí?»
«¿Es una montaña?»
Las voces de los niños eran tan ruidosas que casi parecía que iban a romper las ventanas de la nave.
«¡Ya está bien, todo el mundo en silencio, por favor!» Las voces de sus profesores hicieron eco entre las suyas.
Con diez años de experiencia por detrás, los profesores ya ni se inmutaban, pero el personal de la nave desaprobaba la actitud de los niños. Esa nave normalmente sólo llevaba a pasajeros que pudieran pagar el elevado precio del viaje, lo que significaba que casi siempre se trataba de miembros del Sanctum en viajes de negocios. Vigilar a niños estaba fuera de la especialidad del equipo.
La reserva natural estaba localizada en un área que sólo se podía alcanzar desde un punto de acceso especial. Por ello, contrataron una de las naves civiles más recientes. El resultado fue cierta inexperiencia por parte del personal, ya que dicho viaje sólo se realizaba unas pocas veces al año, así que no había mucha costumbre.
La nave fue perdiendo gradualmente altitud y el Lago Suleena se acercaba cada vez más. La superficie de éste abarcó todas las miradas de los niños, que de nuevo empezaron a cotorrear emocionados. Su profesor dio una palmada y elevó la voz: «¡Prestad atención!» Todo el mundo se calló.
«La nave aterrizará pronto. No aterrizaremos junto al lago, sino en una instalación de aterrizaje temporal. Por favor, tened cuidado, no corráis. Levantad la mano si me habéis entendido».
«¡Vale!», dijo todo el mundo, levantando la mano al unísono. Hope escuchó una voz detrás suya decir «Oh, wow...». Era Kai. Hope mantuvo la mano levantada y le preguntó en voz baja:
«¿Qué pasa?»
«Es muy difícil aterrizar en un lugar que no tiene pista de aterrizaje».
«¿Eh?»
«Y esta nave es grande, sólo un piloto especializado podría aterrizar aquí».
Hope no terminaba de entender lo que estaba diciendo. Kai quería ser un piloto del ejército cuando fuera mayor, así que lo sabía todo sobre el tema, pero Hope no tenía ni idea. Aunque si Kai decía que el piloto era increíble, debía ser verdad.
«¿De qué estáis hablando?», dijo Elida. Estaba de pie al lado de Kai, apoyándose en él.
«Hablas demasiado alto». Kai frunció el ceño. Elida era la que mejor cantaba de la clase, pero también tenía la voz más chillona.
Se habían conocido durante la ceremonia de introducción de su escuela, al entrar en primaria. Los profesores les habían sentado juntos. También se sentaron juntos en clase y los tres se volvieron muy amigos. Siempre hacían todo juntos.
Sus intereses, gustos y personalidades eran completamente diferentes, pero a veces las razones superficiales cobran mayor importancia que otras más profundas; como que vivían cerca los unos de los otros, así que a menudo volvían a casa juntos después del colegio. Tanto Hope como Elida eran hijos únicos en su familia, pero Kai tenía un hermano tres años menor que se llamaba Hal. Los cuatro solían jugar juntos.
Año tras año, siempre terminaban en la misma clase. Aunque no siempre se sentaban juntos, en excursiones y eventos como éste nunca se separaban.
«Dice que el piloto de la nave es realmente increíble». Hope se inclinó hacia Elida para decírselo al oído.
«¿Increíble? ¿El qué?» Elida torció la cabeza. Kai estaba a punto de dar una explicación detallada, pero el profesor se le adelantó.
«¡Eh, vosotros! Dejad de hablar y bajad las manos».
De todos los niños, sólo los tres seguían con la mano levantada. Las bajaron rápidamente, avergonzados, y todo el mundo se rió.
«¡Es todo culpa vuestra!», dijo Elida, lloriqueando. Y entonces el paisaje de afuera se detuvo repentinamente. Hope ni siquiera sintió el mínimo temblor al aterrizar. No sabía sobre naves pero, incluso así, podía decir que el piloto era bueno.
«Ya ves, bastante bueno, ¿eh?», dijo Kai, como si hubiese aterrizado él.
Lo primero en lo que los niños se fijaron nada más bajarse de la nave fue el suelo. Nunca habían sentido nada así antes. En Palumpolum había asfalto por todas partes. Incluso en los parques había pocos sitios en los que nada cubriera la tierra.
Los niños estaban sorprendidos ante la extraña sensación bajo sus pies, pero cuando se fijaron en su alrededor se sorprendieron aún más. Los árboles y la hierba no eran comunes, siempre estaban rodeados de piedras o en macetas. Nunca habían visto tanto verde junto.
«¡Está bien, que todo el mundo preste atención! ¿Alguien recuerda las normas de la excursión que aprendimos ayer?»
Todos levantaron la mano.
«Vale, pues, ¿cuáles son los tres “no”? ¡Vamos a decirlo todos juntos!»
«No corras, no juegues y no empujes».
«¡Muy bien! Son normas diferentes a las de la ciudad porque aquí es fácil resbalarse, por eso no debéis correr. También, los monstruos de aquí normalmente son tranquilos, pero si gritáis o hacéis mucho ruido, se sorprenderán y quizá os ataquen. Así que vamos a comportarnos bien, ¿vale?»
Habían hablado de eso muchas veces, desde que supieron que habían sido elegidos para venir. Sabían que simplemente decirle a los niños que se comportaran no serviría de nada, así que se lo metieron en la cabeza a base de repetirlo. Los soldados ya habían conducido a los monstruos más peligrosos lejos del camino que ellos seguirían. Los únicos que quedaban eran los más dóciles y tranquilos, que incluso habían sido entrenados para no acercarse a los visitantes.
Organizarlo todo llevó mucho más tiempo que si simplemente hubieran matado a los monstruos. Pero la cosa era que en Sunleth los estaban estudiando, así que no podían acabar con ellos. Hope lo sabía por su padre.
«Y hay una cosa importante más que debéis recordar. Hay muchos barrancos y precipicios por aquí, son muy peligrosos. Hoy han puesto plataformas y cuerdas para nosotros, pero sólo en determinadas zonas. ¡Nunca salgáis del área de observación! Estos investigadores nos guiarán, así que, por favor, escuchad todo lo que digan. ¿Habéis entendido?»
Todo el mundo levantó la mano. Hope desvió la vista hacia el sendero que seguirían. A través de la densa arboleda, pudo ver escarpados precipicios y puntiagudas rocas. Se sintió un poco nervioso al pensar en caminar por un lugar que era “muy peligroso”.
Según el plan, irían desde el Lago Suleena hasta la Cresta del pie del arco iris, y caminarían a través del sendero del bosque antes de volver. Una vez regresaran a la ribera del lago, tomarían el almuerzo y tendrían algo de tiempo libre. Hope pensó que nadie debería obligarles a ir por el mencionado sendero. Si no querían, tendrían que poder quedarse en el lago.
La orilla del Lago Suleena era preciosa. Flores de varios colores crecían por todas partes. Cerca había grandes árboles. Las sombras que producían daban sensación de calma y frescor.
Hope prefería jugar dentro que fuera. Le gustaba jugar a juegos en casa, o ir a casa de Kai a ver fotos de armamento y maquinaria del ejército. Pero como tanto a Kai como a Elida les gustaba jugar fuera, sólo jugaban dentro los días lluviosos, o cuando Hal estaba tan enfermo que no podía salir.
«Bien, ahora vamos a dividiros por clase. El camino es estrecho, así que, por favor, ¡formad una única fila en línea recta!»
Cada clase tenía un investigador que la guiaría. Al contrario que los profesores, los investigadores no estaban habituados a elevar la voz. Cada uno llevaba un pequeño megáfono.
La fila de niños se movió lentamente. Era bastante larga; cerca de unas cien personas la conformaban.
«Estas flores son tan bonitas». Elida acercó la mano a una pálida flor roja, pero Hope la detuvo.
«No puedes. Se supone que no podemos tocar ni coger nada relacionado con las plantas. Dicen que incluso hay algunas que pueden provocarnos alergia».
«Lo sé. Sólo iba a hacerle una foto», dijo Elida mientras sacaba una cámara de juguete de su bolsillo.
«Me pregunto si mamá querría una foto de una flor...».
Hope sacó también su cámara. Las cámaras enviaban datos guardados automáticamente, eran absolutamente imprescindibles para eventos como este. Comparadas con cámaras normales, las de juguete tenían poca memoria. Una vez la llenabas toda, los datos guardados se enviaban automáticamente a la terminal de ordenadores más cercana. Entonces, durante ese mismo día, las fotos en papel eran enviadas a tu casa.
La cámara era barata y era de usar y tirar, perfecta para niños, que podrían tirarla al suelo o romperla. Y poder usar todo el espacio disponible en un día lo hacía todavía mejor.
Hope enfocó la pálida roja flor con la cámara. También sacó otra de una flor blanca que había al lado. Sus finos pétalos se movían con la brisa; hizo una foto de eso. «Espero que las fotos salgan bien», pensó. Había flores allí que nunca podrías ver en la ciudad. Y no sólo flores, el monstruo que se veía en la distancia sólo le añadía más encanto a Sunleth.
Hope estaba en trance, sacando una foto tras otra. Ni siquiera se dio cuenta de que estaba subiendo por una colina.
«Hey, ¿no crees que el viento de aquí tiene un olor un poco... raro?», le dijo Elida. Hope también lo había advertido. Desde que dejaron la ribera del lago y empezaron a andar por el paso.
«Huele como a... Ugh... A medicina». Kai olfateó el aire e hizo una mueca de asco.
«No, a medicina no. ¿A hierbas?»
«Sí, como la clase de cosas que mi abuelo bebe».
Escuchando su conversación, probablemente, la investigadora delante suya se giró y sonrió.
«Ese es el olor de lo natural. Del barro y de la hierba».
Todos los niños intercambiaron miradas. Había barro en la ciudad, macetas con flores y otras plantas que crecían de la tierra. Pero nunca habían olido nada parecido.
«La suciedad sin tratar ni purificar huele así. Y también las plantas que crecen en ella».
«Ahora que lo pienso, las plantas también huelen diferente. No realmente diferente, pero sí más fuerte», advirtió Hope. Se había acercado lo suficiente como para sacarles una foto, pero el dulce olor le había absorbido y sorprendido. Se preguntó si era a causa de la suciedad.
«¡Mirad! ¡Un monstruo!», gritó alguien. Cuando Hope miró, vio algo arrastrándose por el borde de un barranco. Era translúcido y fangoso. «Qué monstruo más extraño».
«Eso es un Flan guindillita. La variedad mejorada de su raza es comestible».
Todo el mundo elevó la voz como señal de shock e incredulidad.
«No creo que os diga lo que se produce de él. Sería un gran problema que algunos niños se disgustaran y no quisieran comer más», bromeó a la vez que guiñaba un ojo.
Al cabo de llegar a la Cresta del pie del arco iris, su excursión natural estaba a punto de degenerar en una discusión sobre qué clase de comida podía ser un Flan guindillita. Probablemente, la investigadora lo tendría planeado desde que empezó a hablar de flanes comestibles.
Cuando alcanzaron la cima de la cresta, el panorama borró todo pensamiento relativo a monstruos. Un arco iris formaba un arco en el cielo, y la luz solar formaba rendijas brillantes entre las nubes. Hope escuchó el clic de la cámara de alguien. Seguro que acababan de darse cuenta de que llevaban una. Esa fue la señal para que todo el mundo cogiera sus cámaras y se apresurara a tomar una foto del paisaje ante ellos.
«Hay un montón de lugares bonitos, así que recordad dejar espacio suficiente en vuestras cámaras».
Ante esas palabras, el sonido de los clics se detuvo. Hope apenas podía controlarse, ya casi había utilizado todo el espacio disponible.
«Si hubiera traído otra cámara...», dijo Elida tristemente.
Seguro que todos estaban pensando lo mismo. Pero las normas decían que sólo podía haber una cámara por persona.
«Escuchad todos, mirad hacia allí, por favor». La investigadora estaba hablando por el megáfono. Debía haber esperado a que todo el mundo terminara de sacar fotos para empezar con su discurso.
«Como todos sabéis, el tiempo en el Nido está controlado por el fal'Cie. Como regla general, el fal'Cie no les dice a los humanos cómo va a ser el tiempo.
Pero hay excepciones. Para tormentas, relámpagos, vientos fuertes y mal tiempo en general, el fal'Cie envía avisos al Sanctum, y el Sanctum alerta a los ciudadanos para que se puedan preparar. Los anuncios del fal'Cie siempre son correctos, nunca se equivocan.
Comparad esto con la así llamada “previsión del tiempo”, donde los humanos reúnen datos de los cambios del tiempo climático. Normalmente son bastante exactos, pero no son más que predicciones, y a veces pueden ser incorrectas.
Al contrario que en el resto del Nido, el tiempo en Sunleth está controlado por su propio fal'Cie. Es así porque estamos estudiando el efecto que tienen la lluvia, el viento y otros factores sobre plantas y monstruos».
Elida levantó la mano, queriendo hacer una pregunta.
«¿Hay algún monstruo al que no le guste la lluvia?»
Elida odiaba la lluvia. Por eso habría pensado en esa pregunta.
«Por supuesto que sí. Pero también hay monstruos que la adoran».
La niña cambió de expresión, como si deseara no haber preguntado. Hope y Kai tuvieron que contenerse la risa.
«No está en nuestro recorrido de hoy, pero más allá de ese acantilado hay un valle en el que mantenemos a monstruos a los que les encanta la lluvia, y a monstruos que la odian. Estamos controlando la lluvia en esa área y haciendo revisiones habituales para ver cómo reaccionan. Esa es la causa de que veáis normalmente un arco iris desde este paso».
«¿No dijo papá que era la luz atravesando partículas de agua lo que producía los arco iris?», pensó Hope. «Debería preguntarle sobre los flanes comestibles, seguro que lo sabe».
«Bien, dirijámonos al área siguiente. Más arriba hay un lugar llamado “Camino de la luz danzante”. Allí hay muchas plantas inusuales que odian la luz solar. Pero es un lugar muy resbaladizo, así que tened cuidado al sacar fotos. Eso es todo», dijo la investigadora, pulsando el interruptor de su micrófono.
Los niños formaron otra vez una fila y continuaron sendero abajo. El camino desde la ribera hasta la cima de la cresta había sido una colina, pero ahora era una gentil cuesta abajo. A pesar de eso, era más difícil caminar. Hope nunca habría adivinado lo resbaladizos que podían ser la hierba y el barro juntos. El sendero era liso, sin rocas, pero estuvo a punto de caerse varias veces. Cuando se cayó, se llenó entero de barro. La información que había recibido sobre la excursión decía: “Traer zapatos que sean cómodos y ropa que no importe ensuciar”. Ahora sabía lo que significaba.
Mirando alrededor, se alegró de que todavía le quedara algo de espacio libre en su cámara de juguete. Olvidó la fatiga tomando fotos de la suave luz golpeando las rocas, de la hierba transparente como el cristal.
Cuando llegaron al final del sendero, Hope hizo una última foto. La luz indicó que los datos se estaban enviando, y entonces la cámara se apagó. Ahora no era más que una caja vacía. Mientras la guardaba en su bolsillo, sintió inseguridad. Ahora no tenía nada que hacer.
Aunque el camino de vuelta era el mismo, parecía volverse más difícil caminar. Arrastraba los pies.
«Ugh, ¿podemos irnos ya a casa?», dijo Hope, quejándose.
«Por favor», dijo Elida sin aliento.
«Pero cuando lleguemos al Lago Suleena... ¡Podremos hacer lo que queramos!»
Kai era el único que parecía estar lleno de energía. Aparentemente, no le preocupaba caerse; sus manos y ropa estaban llenas de porquería.
«Kai, tienes que tener más cuidado. ¿Qué pasa si te haces daño?»
Decía que estaba bien, pero rápidamente se cayó de espaldas. Sin importarle, se levantó de un salto y siguió caminando.
«Si dice que está bien, es que está bien», dijo Elida, suspirando.
Después de tomar el almuerzo y descansar un rato, Hope sintió que toda fatiga había desaparecido. Al regresar a la orilla del lago, pensó que nunca se querría volver a mover.
«¿Qué podríamos hacer? Todavía tenemos mucho tiempo».
Allí podían correr y gritar todo lo que quisieran, no se meterían en problemas por hacerlo.
«Trepemos por ese gran árbol de allí. Quiero hacer una foto desde arriba».
«¿Todavía no has terminado de sacar todas las fotos, Kai? Normalmente las sacas todas de una vez», dijo Elida, sorprendida. Hope pudo sentir que algo malo iba a pasar; intentó detenerles antes de que sucediera.
«No podemos trepar por los árboles o las rocas. Si trepárais por ese árbol y os cayérais, moriríais».
Ni Kai ni Elida eran capaces de pensar en otra cosa cuando algo les emocionaba. Siempre estaba en manos de Hope el intentar detenerles.
«¿Y cómo vais a trepar por él? No creo que podáis».
«Pero se lo prometí a Hal. Le dije que haría una foto realmente chula para él».
«Oh, sí, es verdad», pensó Hope. Hal quería venir a la excursión, pero todavía no estaba en el colegio. Kai había pasado mucho tiempo tratando de calmarle, tratando de inventar algún motivo que le impidiera ir. Por eso seguramente le había prometido que haría una foto guay.
«Entonces, ¿por qué no hiciste una en la Cresta del pie del...».
«La hice, pero no me pareció suficiente. También les hice fotos a los monstruos, pero no me parecieron suficientemente chulas, ¿sabes? Así que mi última foto la quiero hacer desde lo alto de ese árbol».
«Pero no puedes. Ese árbol no».
«Nunca lo sabrás hasta que no lo intentes», dijo Kai, poniendo la mano sobre el bolsillo. Frunció el ceño.
«¿Qué pasa?»
Kai no dijo nada, comprobó el otro bolsillo. Hope se sintió aliviado.
«¿Qué? No habrás tirado tu cámara, ¿no?»
Miró en el bolsillo de su abrigo y en su mochila. Después de mirar en todas partes, finalmente se dio por vencido. Hope y Elida podían decir lo que había pasado con sólo mirarle a la cara.
«Bueno, estoy seguro de que se habrá caído por aquí, en alguna parte», dijo Hope.
Tenía que ser así, todos estaban de acuerdo. Así que buscaron por toda la zona, pero regresaron con las manos vacías.
«¿Se te habrá caído en el sendero? No dejabas de resbalarte». Elida señaló sus sucias rodillas.
«No, la tenía conmigo cuando volvimos. Estaba decidiendo si hacer o no una foto en la cresta. Sé que la tenía conmigo en ese momento».
Así que tenía que haber sido en algún lugar entre la Cresta del pie del arco iris y la ribera del lago. Pero ya no podían regresar allí. Cuando volvieron, el sendero estaba cerrado de nuevo. Los investigadores querían mantener fuera cualquier interferencia.
«Eh, Hope, ¿tu cámara tiene algo de espacio libre?»
Normalmente Hope terminaría prestándosela. Kai y Elida siempre sacaban fotos el doble de rápido que Hope, y gastaban todo el espacio. Hope creía que deberían pensar un poco más en las fotos que hacían pero, cuando se lo decía, ellos simplemente respondían con que pensaba demasiado.
Hoy era diferente.
«Lo siento, los datos ya están mandados».
Era imposible pensar demasiado en qué fotos sacar allí. El paisaje de Sunleth era demasiado bonito. Eso hacía aún más extraño que Kai no hubiera terminado de sacar todas las fotos.
«Los míos también. Gasté toda la memoria en la cima», dijo Elida.
Kai suspiró.
«Supongo que es lo que hay».
«No te preocupes, le enseñaré mis fotos a Hal», dijo Elida, intentando hacerle sentirse mejor. «Hope también le enseñará las suyas. Eso debería bastar, ¿no? Verá el doble de fotos, estoy segura de que estará contento».
Pero las fotos llegarían a sus casas esa misma noche. Hal sólo las podría ver al día siguiente, después del colegio. Hope pensó en Hal. Los cuatro solían jugar juntos después de clases. Le disgustaba que él fuera el único que no iba. Siempre decía: «¿Por qué no puedo ir?»
Hal estaría tan decepcionado...
No, tenían que hacerlo. Tenían que hacerlo por Hal.
«Vamos a buscarla».
Kai y Elida se sorprendieron.
«La Cresta del pie del arco iris no está tan lejos. Echemos un vistazo hasta que se acabe el tiempo».
«Pero se supone que no podemos ir por el sendero».
«Pues tendremos que colarnos».
Se miraron los unos a los otros. Nunca pensaron que Hope pudiera decir algo así.
«Mi padre dice que nunca deberías romper una promesa, no importa lo pequeña que sea».
También, que si has olvidado una promesa, la otra persona la recordará. Kai podría simplemente decir que no pudo hacer nada por remediarlo y que las cosas sucedieron así, pero Hal habría estado esperando emocionado esas fotos todo el día y sería una decepción para él.
«Vamos a buscarla», dijo de nuevo. Aunque Hal no tuviera su edad, era su amigo. Elida parecía pensar lo mismo.
«Sí, no queremos que Hal se sienta decepcionado».
Estaba decidido.






























5 comentarios:
Tengo la impresión de que les pasará algo muy malo... Para la próxima si te resulta duro ya saabes que me puedes pedir ayuda =D
No es duro, pero tengo que admitir que se me ha hecho muy largo (es que es gigante el capítulo xD)
Además no quiero más Hope, quiero a Vanille =(
Muy buena traducción XD
Algo aburrididllo esta vez, seguro que el siguiente será mejor.
Me pregunto si Sanles será el lugar de la imagen que encabeza este capítulo. Por la descripción sí que tiene toda la pinta. A mi no me gustan los decorados de todo campo, se me han muy pesados (como la Llanura de la Calma en FFX), espero que la zona del rio y demás sea más interesante.
Cada vez tengo más ganas de entrar en ese mundo... *_* Gracias Vani :)
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