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Atención | El siguiente capítulo contiene spoilers del argumento. No lo leas si no has superado el juego.
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Mirando a su alrededor, vieron que estaban en el templo, en el Sagrario, donde los lu'Cie cristalizados están consagrados. Fue entonces cuando se dieron cuenta de lo que había pasado: habían completado su Misión y sumergido en un sueño eterno. Pero ahora, una nueva Misión les había sido confiada, así que habían despertado una vez más. Era fácil deducirlo, pero...
«Eh, ¿qué pasó antes de que nos convirtiéramos en cristal?», preguntó Fang.
«¡¿No te acuerdas?!»
«Bueno... Mi cabeza está hecha un lío. Me siento como si hubiera olvidado algo importante». Le temblaba la voz. Observaba la Marca lu'Cie, en su brazo. Estaba quemada, con un lívido color blanquecino. Fue sólo después cuando Vanille se dio cuenta de que Fang había estado tratando de sonreír.
«Estoy... destrozada». Fang estaba al borde de las lágrimas. Era una Fang que Vanille nunca había visto antes. La chica extendió los brazos, envolviéndola en ellos. «Yo también», susurró, pero su voz parecía la de una desconocida. Cuando el temblor que sentían amainó, se pusieron de pie. Vanille sonrió.
«¿Por qué no volvemos a casa?»
Ya habían completado una Misión. ¿Era seguro que las recibirían con los brazos abiertos? Podrían completar su nueva Misión más tarde... A pesar de que no supieran de qué se trataba.
«¿Y si todos nuestros conocidos son ya unos vejestorios?», dijo Fang, y sonrió. Esta vez era una sonrisa de verdad.
«¿Eso crees? A lo mejor no ha pasado tanto tiempo, nos verán y dirán: “Oh, ¿ya habéis regresado?”»
«Me pregunto cuántos años habrán pasado».
«Puede que sólo hayan sido días».
«Entonces nos estarían haciendo trabajar demasiado. Quiero decir, por lo menos que nos den medio año de descanso». Bromeando, salieron al exterior, esperando ver su hogar una vez más.
«¡No puede ser!»
Era de noche, pero todo estaba tan iluminado que podían ver los edificios que conformaban la ciudad que las rodeaba. Había luces en cada recoveco y en cada rincón, y un mar que les reflejaba todo el paisaje. Era un mar extraño, sin horizonte. Al mirar arriba, vieron un cielo todavía más extraño. Al principio pensaron que tenía muchas estrellas, pero se dieron cuenta de que no eran sino las luces de una lejana ciudad. ¿Podía algo así ser llamado cielo?
«¿Dónde...?»
«No estamos en el Gran Paals», dijo Fang.
Vanille cerró los ojos durante un momento. «Volveré a mirar, una vez más», pensó. «Quizás será diferente». Cuando los abrió, nada había cambiado.
Observaron el mar y el cielo, pero no dijeron nada. No había nada que decir. Regresaron al templo en silencio. Tenían hambre. El Nido —sabían que estaban en el Nido— no era lugar para que ellas andaran deambulando, hambrientas y desarmadas. Siempre se traían ofrendas al lugar donde los lu'Cie estaban consagrados. Había comida que nunca se pudriría, sin importar cuánto tiempo estuviera allí, así como armas y accesorios utilizados por los lu'Cie que allí descansaban. Vanille había oído que las ofrendas se entregaban a diario, para que los lu'Cie cristalizados pudieran descansar en paz, pero probablemente sólo se hacía por si despertaran una vez más.
«¿Qué cojones significa esto?»
La comida que habían dejado en ofrenda estaba tan deteriorada que nadie se la podría comer. Buscaron por el resto del templo algo comestible, pero fue en vano. Las ofrendas sólo se dejaban en el Sagrario.
«¿Nos estará tomando alguien el pelo?»
«No creo, pero... es extraño».
Las ofrendas deberían haber durado por lo menos diez años. Tanto Fang como Vanille lo sabían muy bien. Era una tradición traer nueva comida al templo cada diez años. Había un festival, y todo el mundo participaba en la ofrenda. Así se hacía para que todos pudieran compartir la alegría del festival con los lu'Cie durmientes.
Definitivamente, la comida no era la que un niño encontraría deliciosa, pero tampoco era incomible. Parecía y olía horrible, por no hablar del sabor. Comérsela parecía peligroso.
«No sólo la comida, mira eso», dijo Vanille. Había prendas del festival dentro de una caja. Ambas cosas se habían descompuesto, estaban desgastadas.
«Esto también...». Fang levantó su lanza favorita y retorció su punta. Vanille no sabía qué era lo que le pasaba, pero quizás alguna de sus partes se había deteriorado.
«Es como si todo hubiera estado expuesto al viento de fuera».
El aire en el interior del templo estaba en calma. Esto no debería haber pasado. No sólo la comida, sino que el metal y la ropa tampoco deberían haber decaído con tanta facilidad.
«Entonces, lo único en esta sala que no cambió fuimos nosotras, como cristales», dijo Fang. La pregunta era cuántos años habían estado durmiendo. Por el estado que tenía todo, no parecía que hubieran sido decenas, quizás cientos de ellos.
«Olvida que todos sean viejos. Ahora mismo todos estarán muertos».
«No...». Vanille bajó la vista, mordiéndose el labio, tratando de mantener la calma.
«No pongas esa cara», dijo Fang, dándole una palmada en la espalda. Se levantó. «Antes de nada, tenemos que comer».
«Pero no podemos comernos esto...». Vanille miró las ofrendas. La comida podrida, las prendas descoloridas. Le encantaba vestir esas cosas para el festival...
«Hay mar fuera, ¿verdad? Incluso hay un bosque. Está un poco lejos, pero... Encontraremos comida. Todo saldrá bien». Fang agarró su lanza y sonrió. «Qué extraño», pensó Vanille. «Cuando Fang dice que todo va a salir bien, creo firmemente que sí».
«Tienes razón». Vanille cogió su arma y se levantó.
Ya estaba atardeciendo, la hora perfecta para ir a cazar al territorio enemigo. Al contrario que durante el mediodía, ahora no habría mucha gente fuera, pero sí la suficiente luz para ver. Primero fueron a probar suerte al mar. En el bosque corrían la posibilidad de perderse y, de todas formas, el mar estaba más cerca del templo. Era probable que no encontraran nada para el desayuno, pero por lo menos podrían almorzar, o eso pensaban...
«Después de todo, ¡parece que vamos a desayunar!» Vanille miraba hacia abajo, sorprendida, al pez retorciéndose entre sus brazos. No era raro que Fang atrapara un pez sólo con un destello de su lanza, pero sí muy extraño que Vanille no tuviera ningún problema con la tarea.
«¿Estos peces están mal de la cabeza?»
No parecía que los peces tuvieran depredadores, así que no advertían ningún peligro. Cuando Fang y Vanille se acercaban a ellos, intentaban escapar. Pero se alejaban demasiado despacio.
«¿Acaso son comestibles?»
La presa que tan fácilmente se atrapa puede ser venenosa o tener mal sabor, y ser inadecuada para el consumo. Ambas empezaron a pensar que quizás no podrían sacar ningún provecho de esos peces.
«Madre mía, jovencitas, se os da bastante bien, ¿no es así?» Una voz venía de la playa. Se pusieron tensas, lamentando al instante su falta de vigilancia, y se dieron la vuelta. Pero lo que se encontraron fue a una anciana pareja, sonriendo y aplaudiendo.
«Qué gracioso ver gente pescando de esa forma en Bodhum».
«... nunca muerden el anzuelo. Pero ya veo, es mejor usar un arpón que una caña de pescar».
Vanille no había cogido el nombre del pez, pero parecía ser una especie común en el Nido.
«Oh, lo siento, seguro que os estamos molestando».
«"No queríamos ser groseros». Denotaron tristeza durante unos segundos, pero sus sonrisas retornaron rápidamente. Se dieron la mano y se marcharon playa abajo.
«¿Qué... ha sido eso?». Fang había esperado a que la pareja se perdiera de vista antes de hablar.
«Son del Nido... ¿verdad?» Pensaban que si se las encontrara, las atacarían inmediatamente, sin preguntas de por medio. Estaban, después de todo, en “El Nido Flotante del Demonio”. La ropa que vestían era muy diferente a la del Gran Paals. Si ese era el modo de vestir en el Nido, entonces las habrían visto como enemigas al instante.
«Pero no parecían estar en guardia».
«¿Así que piensas que quizás son tan estúpidos como los peces? Bueno, son viejos, ya sabes. Así se ponen».
«Seguro que tienes razón...», dijo Vanille. Pero ella pensaba en otra posibilidad.
«A lo mejor están intentando pillarnos desprevenidas».
«¿Quieres decir que estaban ganando tiempo hasta que pudieran traer a sus amiguitos? Oh, sí, es posible».
«Entonces podría ser peligroso volver enseguida».
«Sí, deberíamos echar un vistazo primero».
Se alejaron del mar y regresaron en dirección al templo. Era mejor reunir información que intentar ocultarse. Si se encontraran cara a cara con el enemigo por segunda vez, sólo tendrían que averiguar qué hacer. Tampoco era que estuviesen desarmadas; estaban lo suficientemente entrenadas como para dar pelea incluso aunque fueran atacadas por la espalda.
Al final, todo su entrenamiento resultó en vano. No es que no pudieran contraatacar, es que el enemigo nunca atacó. Les habían visto, vigilado desde la distancia. Pero desarmados, y desprevenidos, así que no había razón para atacarles. No querían darle al enemigo ningún incentivo de ataque, así que simplemente seguían observando. Esperaban ser atacadas en cualquier momento, por eso se mantenían en guardia. Estaban preparadas.
«¿Qué diablos pasa con esta gente?», susurró Fang, observando a los que tenían sus espaldas desprotegidas frente a ellas. Vanille pensaba lo mismo. Esa gente era extrañamente imprudente.
«¿Puede que no sepan que somos enemigas?»
«¿Incluso aunque estamos armadas? Estás de broma».
«Pero quizás por eso no se han dado cuenta de que somos el enemigo», pensó Vanille. «Si no, esa pareja anciana que conocimos y ese grupo de chicos que acaba de pasar cerca de nosotras nunca nos habrían ignorado así».
Un repentino aleteo de un pájaro interrumpió sus pensamientos. Fang agarró la lanza sobre su espalda y la sostuvo, preparada. Las criaturas aladas no daban oportunidad, las únicas opciones eran luchar o darse a la fuga. El ruido que hacía no parecía el de una inmensa criatura, así que luchar era la mejor medida a tomar. Vanille puso a punto su arma e irrumpió a su lado.
«¿Eh?»
Se quedaron congeladas en el sitio.
«¿Cómo...?»
El pájaro blanco había caído con un solo golpe. Y eso que era mucho más grande que cualquiera de los peces que habían atrapado.
«¿Cómo puede ser tan débil un monstruo alado?»
Un pájaro de ese tamaño debería ser carnívoro, y fuerte. No la clase de criatura que se derribaría con tanta facilidad.
«¿Puede ser que a lo mejor se alimente de frutas y frutos secos? Quiero decir, su pico y sus garras ni siquiera están afilados». Tras comprobarlo para asegurarse de que estaba muerto, Vanille lo agarró por las patas.
«Pero, ¿cómo ha podido ser tan idiota? Si esto fuera el Gran Paals, habría muerto al instante».
«Seh, si algo así estuviera allí abajo, habría acabado en la mesa de la cena el mismo día».
«¿Tanta carne y pescado como puedas comer? Bonito lugar».
Las verduras también abundaban. Más allá, en el camino, había un campo, pero no había vallas ni alambres colocados para mantener fuera a los pájaros y bestias. Era como si estuvieran diciéndoles que podían llevarse tanto como quisieran.
Y así, su primera comida en territorio enemigo fue mucho más lujosa de lo que nunca hubieran soñado. Aunque, por desgracia, no pudieron encontrar utensilios de cocina o especias, eso ya era pedir demasiado.
Como no podían hacer fuego dentro del templo, cocinaron el pescado y la carne en el exterior. Usaron como astilla un atuendo ceremonial de sacerdote y su bastón.
«Los sacerdotes se morirían si vieran esto».
«¿Crees que podríamos meternos en problemas?»
«Esto es una emergencia, no pasa nada».
«Sí, supongo. Ahora mismo nuestra supervivencia es más importante. Mmm... Tiene buena pinta». Ambas mordieron la recién cocinada carne.
«¡Ugh!»
«¿Pero qué coño es esto?»
Miraron fijamente la carne que acababan de morder. No era comestible, ni siquiera sabía mal. De hecho, difícilmente sabía a algo. Estaba aguada y grasienta. Casi no se lo podían creer, así que, para asegurarse, probaron con el pescado y las verduras. Pero el sabor era el mismo.
«Esto les sabe mal hasta a las bestias salvajes...».
Las diferentes especies de pescado saben diferente, así que era posible que simplemente hubieran elegido una mala. Y la carne de animales cazados normalmente no sabe ni de cerca tan bien como la de los animales criados domésticamente. Y sin embargo...
«Pero encontramos las verduras en un campo, ¿verdad?»
Vanille asintió. Había pensado que la tierra tenía mal aspecto, por eso de estar desatendida y tal. Pero estaba bien regada y desmalezada. No había duda de que era un campo cuidado.
«¿Cómo puede esta gente del Nido comerse esta mierda?», refunfuñó Fang, pero aun así continuó comiéndose la carne. Vanille siguió su ejemplo y mordió una verdura. Por lo menos tenía pinta de ser comestible.
Cuando terminaron de comer, enterraron los restos del fuego y regresaron al interior del templo. Este lugar les parecía cada vez más y más extraño. Peces lentos, pájaros idiotas y gente que veía claramente que eran diferentes pero no sospechaba de ellas. De alguna forma, era difícil de creer, incluso estando de por medio la excusa de que estaban en un mundo diferente.
«Eh, ¿quieres ir mañana a ver la ciudad?»
«¿Ya?»
«No conseguiremos nada si nos tiramos toda la vida aquí».
Era verdad, necesitaban averiguar más información. Cuánto habían estado en el Nido, por qué el templo había sido traído allí... Había demasiadas preguntas.
«Bueno, tarde o temprano tendremos que dar ese paso».
«¡¿Por qué?!»
«Nuestra Misión...», dijo Fang, agarrándose el brazo sobre el cual tenía la quemada y blanquecina marca. «Podría ser capaz de recordar algo si vamos directas al territorio enemigo».
¿Qué haría Fang una vez recordara? No había lugar a dudas, sólo haría una cosa: luchar.
«No tenemos que darnos prisa. Quiero decir, acabamos de despertar, ¿verdad?»
«Ya es el segundo día. Mañana será el tercero».
«Bueno, sí...».
«¿Tienes miedo?» Los ojos de Fang se llenaron de dulzura, y le dio palmaditas a Vanille en la espalda para tranquilizarla. «Vamos, ya has visto a esos chicos de hoy. Las dos somos más fuertes que todos ellos juntos».
«No, no se lo puedo decir a Fang todavía», pensó Vanille. «No todavía».
«No estoy preocupada. Te tengo a ti conmigo».
«Las cosas que quiero expulsar de mis pensamientos, ¿puedo hacer que dejen de ser reales? ¿Puedo hacer que nunca hayan ocurrido?» De repente, a Vanille le vino una idea a la mente. Se hacía cada vez más brillante, y sentía su corazón ligero como el aire.
«Muy bien, vamos. Todo saldrá bien, estoy segura de ello». Vanille sonrió alegremente. Solamente tenía que pensar en mañana. Tenía que salir bien, nada más importaba.






























5 comentarios:
Gracias por actualizar!!! Me va a gustar este capítulo...jajaja
yeeeeeee!!!
gracias por subirlo!!!
muchas gracias, fang y vanille me encantan^^
De nuevo te agradecemos tu incansable trabajo! =)
Gracias, esta genial! Aunque, que pena la vida de ellas :(
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